El día se presentaba inmejorable. Verano de 2003, el calor iba haciendo mella en cada uno de nosotros, que nos tirábamos a la piscina, cuando notábamos la mas mínima gota de sudor sobre nuestro cuerpo. Ellos y ellas, estaban allí, sentados hablando cada uno de lo suyo, y yo como casi siempre sin poner mucho interés pero escuchando.
La piscina estaba rodeada de unos hermosos y altos árboles, que nos aislaban casi por completo del mundanal ruido, era un paisaje casi idílico, propio de aquellas épocas y más si ella estaba allí.

Los pájaros se distraían volando de un lado para otro, y poniéndole música a la apacible tarde de Agosto, que se presumía, como de las más hermosas y placenteras de mi vida.

El ruido del viento cada vez era mayor, y los pájaros fueron tomando rumbos diversos, buscando los escondrijos más hondos, en los cuales, no les pudiera afectar la atronadora levantera, que se posó, sobre la casa aquel día.

El sueño de volar estaba cada vez más cerca, se agolpaban recuerdos imborrables, olvidos irremplazables sobre mi conciencia, que sólo hacían, que me volvería más loco cada segundo que pasaba. Otra vez iba a fallar en lo mismo, los pájaros esta vez no tendrían la culpa de mi desgraciada desdicha, al ver, que fracasaba de nuevo.

El pájaro era yo, que nunca supe, guíar por el sendero más cuidado, ni al verano, ni a al primavera, a partir de aquel, día, voy construyendo nido a nido, a la espera de que en invierno, pueda posarse sobre ellos, cualquier pájaro, que huya del viento.

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