La sociedad de Sevilla es muy conservadora. Tiende a desear que las cosas se queden como están. Y eso, cuando de verdad conoce su historia. En San Telmo ya me ocurrió. La gente extrapolaba: si la fachada del palacio es tan buena, el interior debe ser espectacular. Y pudo haber sido así, pero casualmente nunca ocurrió. Claro que Sevilla es la ciudad de las apariencias.

A mí me hubiera gustado organizar unas jornadas de puerta abiertas antes de iniciar la reforma para que los sevillanos conociesen de verdad el estado primitivo del palacio (de San Telmo) antes de la intervención. Habría más datos para valorar lo que se ha hecho. También sucede que hay quien piensa que la ciudad debe funcionar siempre igual. Queremos ver la ciudad antigua sólo como un retrato que fue.

Pero una ciudad es el escenario de la vida. Y la vida cambia precisamente, porque cambian las personas. La ciudad se transforma porque las personas cambian. Si la ciudad funcionó en un determinado momento de una manera, hoy, puede funcionar de otra sin tener que perder un ápice de sí misma.

Guillermo Vázquez Consuegra (Arquitecto)

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