Dibújame un atril, y un flexo luminar. Dibújame un teatro y sus butacas, y una banda de música. Dibuja un silencio desmedido, una clave de mí, puesta en su sitio, como tú sólo sabes, como lo haces a diario en tu columna.

Simplemente haz lo que sabes hacer, lo que haces desde niño, pinta palabras y llénate de tinta los dedos. Sueña que Sevilla está a tus pies, como siempre lo ha estado, aunque haya algún que otro hermano mayor, que hable sin saber, que mal le sienta a algunos el traje de ignorancia.

Llénanos de vida, dentro de dos semanas, de nuestra vida. No te tendrás que ir muy lejos, porque tu cuentas las vidas de los demás como si fuera la tuya propia, con una exactitud y una humildad, que maldito aquel, que ose a tocarte tus páginas en blanco, tu lápiz de punta fina y tu voz… esa voz inconfundible de mañana de Domingo, esa voz radiofónica, una voz que acaricia oídos en los despertares de una semana que está punto de comenzar.

Mira a Sevilla, desde aquel atril, que te has ganado, que te han hecho a tu medida, a la medida de tu corazón, henchido de orgullo, por la responsabilidad de glosar sobre su semana, que es la vida, como dijo aquel pregonero.
Dibuja calendarios sobre nuestros cielos, y horas de espera, y capirotes vencidos por el tiempo. Dibuja mediodías de primaveras, ilumínanos Antonio, con tu adjetivo sútil y tu verbo masticado de azahares y de ceras, de silencios y de calvarios, de sonidos de una Sevilla, que ya está a contrarreloj, de una semana que nunca termina de irse.

“Si te cabe el cielo en un abrazo, siempre habrá una estrella para ti, si catorce vidas tiene un gato, aún queda mucho por vivir” /Fito Cabrales, músico/

Anuncios