“Señor de las flores, aquí que a Pemán le queda un triste verso de entre semana” Los Miserables. 1993

Nota: Algunas de las agrupaciones y pasodobles que salen no se ajustan al tiempo en el que transcurre este texto.

La última noticia que tuve de sus besos, fue en un año de hace ya muchos veranos, con ese olor masoca que tiene el amor, escuchaba en los días posteriores, aquello que dijeron Los Inmortales “ya sé cuál es tu ventana”, mientras yo, aislado del mundo como casi siempre, me ahogaba en una almohada de lágrimas, para recordar aquello de “ que las lágrimas derraman los que tienen corazón”, que cada semana canturreaba para volver a empezar de nuevo.

El amor termina, cuando deja de estar presente el calor insípido de los besos, y la saliva ya no sabe igual en los espejos.

Sigues recordando aquellos amores que deletreaban Los Americanos, “hay amores que nacen y otros que ojalá no hubiera”. Pero uno mientras tanto habría dado la vida por ella, se habría peleado por todas aquellas fronteras que hacían de sus labios la mejor barricada.

“Yo ya morí por ti estando vivo” nunca se lo pude decir a la cara, aunque tal vez ella jamás se lo mereció, y cuando lo escuché trasnochando una de esas noches de Febrero, sentí el escalofrío suave de su encuentro y aquel primer beso de mi vida.

Mientras tanto pasaba el tiempo, como la arena o el agua que cabe en un puño y se va yendo como dice Juan Cruz, y yo memorizaba aquel pasodoble del Espíritu de Cádiz que parecía haberse escrito pensando en mí “hoy te he mirao y en mí he sentío, esa pasión interminable que es quererte”, pero algo fallaba, cuando las miradas no hablaban y el vaso del amor, se llenaba de odio, olvido y memoria.

Y terminaba el camino diciendo aquello que aquel brujo sabio decía “si no puedo darte vida, deja que muera contigo”

“ Allí se queda mi cascada, con una cueva llena de besos, los caballitos que montaba y las palomas del invierno” Los Miserables. 1993

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