La vida de un aficionado al fútbol, está compuesta, entre otras cosas, por cada uno de los mundiales que ha vivido (mi primero el de Italia 1990).

En estos momentos te acuerdas de todos aquellos partidos, jugadores e incluso árbitros (al que hay que sumar el de ayer), que por unas circunstancias o por otras impidieron que la selección pasara de la frontera de los cuartos de final.

De ese entorno, como lo llamaba Cruyff, que muchas veces menospreciaron al rival, y eleveron las expectativas a un nivel, imposible de alcanzar.

Esta generación de futbolistas y deportistas ha eliminado de cuajo ese victimismo que tan español resultaba cuando les ponían en frente el partido de sus vidas, y siempre lo perdían. Ahora ya no, Gasol, y la selección de baloncesto, Nadal, Contador, Lorenzo. Alonso han consiguido con una personalidad y un talento desmesurado, que el país crea en ellos.

España tenía que ganar este mundial, porque los dioses del fútbol (que esos sí que existen) hicieron justicia, porque España, fue la única selección que siempre ha intentado jugar al fútbol (lo de ayer de Holanda fue vergonzoso, traicionando el espíritu de la naranja mecánica).

Este grupo de futbolistas y los técnicos que han tenido el atrevimiento de ponerlos a jugar a todos también forman parte del éxito. Mientras el fútbol, se iba declinando por el músculo nosotros apostamos por la técnica y el talento.

Y no sólo de eso, sino de una humildad, una modestia, y una saber estar, del que debemos de tomar ejemplo todos los españoles y sobre todo los jóvenes, porque de ellos es el futuro, y dentro de dos años en Ucrania-Polonia y dentro de cuatro en Brasil, debemos de seguir engordando un futuro, cuyo horizonte es más claro y brillante.

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