Hay dos frases en la película, que definen muy bien, la propia película y el país en el que vivimos.
La primera de ellas, resulta de una conversación entre el payaso triste, Javier (Carlos Areces, Muchachita Nui) y el payaso tonto, Sergio (Antonio de la Torre, Gordos, Volver).

Javier:¿y tú porque eres payaso?
Sergio:porque sino sería un asesino.

Alex de la Iglesia ha convertido todas sus películas en una, tiene un comienzo propio del director vasco, con mucha acción, rapidez, agobio, mientras que el final vuelve a terminar en las alturas, como ya ocurrió en La comunidad y en El día de la bestia.

Los que la vean, no deben quedarse sólo con lo superficial, con el argumento, sin más, tiene un trasfondo, donde se retrata a las dos españas, con el hilo conductor de un circo, dos payasos y una contorsionista, Natalia (Carlonia Bang), atada entre dos amores, los payasos, que hacen reír y llorar a partes iguales, porque aman a las niños, se divierten con ellos, pero son dos caras de una misma moneda, violentos, dictadores, locos, asesinos en una palabra.

La película se encamina sobre pequeñas escenas de la época franquista, demasiadas a mi entender, pero nunca pierde esa acción, esa salvajada, que incluso en los excesos, está bien recreada, bien estructurada, como si todo el mundo de De la Iglesia estuviera en esta película, se reconoce el director sin ver lo títulos de créditos, espectaculares por cierto.

Entre los principales actores, un cada vez más creíble y más camaleónico, Antonio de la Torre, que se supera en cada actuación, un irreconocible por mi parte Carlos Areces, pilar básico de la película, tímido, bonachón, simpático, pero inteligente y enigmático. Y Carolina Bang, la chica, poco conocida, pero recreando el papel, de la mujer entre dos orillas, dejando para cada payaso un trocito de su pastel, la que más hace por vivir, la que más ama a la vida.

Sancho Gracia, Santiago Segura, Manuel Tejada, Enrique Villen, Manuel Tallafe o Fernando Guillén Cuervo, completan un reparto exquisito, extenso, propio de Garci o Berlanga.

Ya al final de la película, llega la segunda de las frases “Este país no tiene remedio”, en palabras de De la Iglesia, “tiene remedio, pero deberíamos de dejar de ser nosotros mismos”.

Anuncios