… esa es la distancia física que separaba a los manifestantes del 25S del Congreso de los diputados, la distancia mental, a día de hoy, es incalculable. Lejos de analizar la desproporcionada actuación policial o el protagonismo de los tontos de turno bien descrita en los múltiples vídeos y columnas de opinión, quería centrarme, una vez más, en este deja vu continuo en el que vive este país.

Lo sucedido en los alrededores del Congreso no es nuevo, ya intentaron radicalizar desde el minuto uno al 15M, cosa que no consiguieron a pesar de que hubo algunos brotes violentos de los mismo tontos de turno del primer párrafo. Este país da asco, miedo y pánico, cada uno que lo coloque en su orden de malditas prioridades. No me extraña que cada vez más jóvenes se marchen de aquí, ellos sí que son unos visionarios y no esos premios nobel que ni se percataron de por dónde soplaba el viento. Este país no es que esté al borde del precipicio es que ya nos hemos caído por el abismo más vacío que pueda existir y sólo la inmensa red que nos manden de fuera nos podrá rescatar, mientras tanto vamos a conservar el hematoma de la marca España, que al final va a ser culpa del ciudadano medio el que se borre.

La marca España que quiere salvar su majestad yendo a la redacción del The New York Times, a pedirle o a rogarle, aún no nos lo concreta la página web real, que hablen bien de España aunque sea mentira. Claro que de España no habla ya bien, ni aquella madre que la parió, que dijo Alfonso Guerra que la iba a cambiar

El caso es que en este país hablar, hablar, hablamos mucho, el problema es que no escuchamos
porque nadie nos ha enseñado, porque no es algo que se enseñe en las escuelas y como ya se sabe lo que no está en la escuela no existe. Ve tú ahora a decirle a un niño que aprenda por sí mismo, te dirá que él hará o lo que le manden o lo que él quiera, como si fuéramos borregos que tenemos que tener la ayuda de un guía que nos marque el camino. Ahora entiendo la supresión de la asignatura de Educación para la ciudadanía, los valores poquitos y de los nuestros: la familia, la constitución y la patria, todo lo que no sea eso, es ser un antiespañol y ya mismo hasta nos insultan llamándonos “catalanes”, “antisistemas” o alborotadores, provocadores que sólo saben incitar a la violencia llevando como armas una voz…de alarma, un libro y si estuviéramos en la revolución de los claveles, una flor.

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