Artículo de Eva Díaz Pérez, publicado en El Mundo.

Siempre ha sido un clásico eso del desdén a la cultura en Canal Sur, pero ahora el asunto ha adquirido tintes de drama, de tragedia calderoniana o más bien de teatro del absurdo. La cultura sólo ha sido una anécdota en esa tele pública, un juego de periferias, un capricho de extravagantes que se veía con recelo desde los despachos, esos despachos alfombrados de diseño en los que se desparramaba una oligarquía de ignorantes con corbata y exceso de poder. Estos raros que hacían cultura siempre eran objeto de sospecha para la jefatura millonaria de Canal Sur -de sus sueldos nació el agujero negro de la deuda- que presumía de progresismo por jalear y difundir una Andalucía de tamboriles y chanclas, llana y popular, no como hacían esos culturetas tan elitistas.

Sin embargo, con algunos programas culturales Canal Sur demostró que se podía hacer algo más digno que esa parrilla demagógica llena de chisteros, niños embrutecidos y viejos lúbricos como adolescentes un sábado por la noche. Porque en Canal Sur hay varias generaciones de excelentes profesionales, aunque en estos tiempos negros sobrevivirán los peores, los babosos, los pasilleros, la mediocracia criada durante tantos años al caldo del poder. Los buenos ya están en los rincones, en los palomares desde los que otean las suaves colinas del Aljarafe sevillano, perdidos en los cajones de la burocracia, ninguneados por su edad, su experiencia o porque quizás saben demasiado.

En la parrilla aparece lo de siempre, esa especialidad cutre que difunde una Andalucía pintoresca de mugre, de princesas de arrabal y tacos. Pero qué auténticos y sinceros. Y cómo no, sigue como marca de la casa ese humor malo, de carcajada de barriga, que con los subtítulos y la traducción para sordos cobra una dimensión aún más esperpéntica.

Pero ¿dónde están representados los otros andaluces? Los que veían apasionados los reportajes de Al sur, ese programa ideado por el gran José María Bernáldez, que falleció antes de ver cómo todo se derrumbaba; los que se emocionaban con los proyectos escolares de El club de las ideas, o los lectores entregados a ese archipremiado espacio, decano además de los programas de libros de España, El público lee. ¿Se puede hacer mejor para luego acabar en el cajón del olvido? Ahora todo -o casi- ha sido encerrado en el cuarto de los ratones, que es ese nuevo programa Ideas del Sur, una vez a la semana y no más de una hora para que no “molesten” mucho. No se han atrevido a aniquilar la cultura del todo y esta limosna les sirve de coartada. Una coartada infame que muestra el desván vacío que es Canal Sur, un museo de tópicos, una buhardilla de mentiras perfectamente prescindible.

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