Artículo de Fernando R. Lafuente en el ABC cultural del Sábado 1 de Diciembre de 2012

PARÍS, CAFÉ AUMONT, UNA TARDE DE 1896, UNA SESIÓN DE CINE CON los hermanos París, Café Aumont, una tarde de 1896, una sesión de cine con los hermanos Lumière. Es la tarde en que Máximo Gorki descubrió el cinematógrafo y escribió un artículo titulado «El reino de las sombras», en el que se leía: «Despojado de sonidos y colores (el reino de las sombras). Todo, la tierra, los árboles, las personas, el aire, el agua, está pintado de grisalla […] La vida surge ante nuestros ojos, apagada, sin voz, sombría y lamentable, con sus múltiples sonidos desteñidos. Es un espectáculo terrible. Y, sin embargo, no es un teatro de sombras. Uno piensa en esas ciudades que un fantasma, una maldición, un espíritu maligno, han sumido en un sueño eterno […] creación grotesca…»

No fue el único en recibir el nuevo invento (todavía el cine no soñaba con ser arte) como algo surgido del Maligno; en España sería Unamuno quien, para variar, llevara la antorcha de la crítica feroz a las imágenes en movimiento que se pasaban en las barracas de feria, en los circos; imágenes ridículas, saltos, brincos, carreras, caídas, persecuciones, trompicones, todo un catálogo de quincalla a los ojos de los –valga la arruinada expresión– intelectuales de la época. Es un brevísimo ejemplo de cómo suele recibirse siempre la nueva realidad que un descubrimiento conlleva. El cine fue una tecnología nueva con diversas aplicaciones; lo mismo había constituido antes la imprenta. La red y los soportes digitales siguen la misma ruta. Y, como entonces, provocan sustanciosas opiniones, muy semejantes, en más casos de los previstos, a las de Gorki respecto al cine.

La imprenta inventó la novela moderna. Sin ese soporte técnico no habría sido posible un nuevo género literario que ha marcado siglos de literatura en Europa. Después, el cine se proyectó como el más certero artefacto creador del imaginario de millones de personas a lo largo del siglo XX y fue bendecido como el «séptimo arte» y, al decir de Ricciotto Canudo, a la altura de 1911, en la Escuela Normal de París, el «arte total» tan pretendido por Wagner para la ópera.
La red levanta recelos, pero cambiará la creación y la forma de pensar
Hoy el debate es, para recordar las palabras de Frollo en Notre Dame de París, de Victor Hugo, tan reiteradamente citadas por Umberto Eco, «si esto (lo digital) matará a aquello» (el papel). Y vuelven los debates que pensábamos abandonados: el tórrido y cansino que protagonizan apocalípticos e integrados. Poco parece que hayamos avanzado desde los lejanos y hermosos años sesenta del siglo pasado. Ahora, dígase claro, internet, la red y todo lo de alrededor no son una amenaza para la literatura, sino una oportunidad. Una oportunidad que cambiará la creación literaria y la forma de pensar (que no los asuntos a pensar, estos siguen idénticos a los de la Grecia clásica. «Sentimos –escribía Wittgenstein– que, aun cuando todas las posibles cuestiones científicas hayan recibido respuesta, nuestros problemas vitales todavía no se habrán rozado en lo más mínimo») y levanta recelos, celos y temores.

Claro que cambian los modelos y los procesos de creación literaria; claro que aparecen nuevas retóricas que amplían los recursos y abren la realidad a dimensiones apenas sospechadas; claro que la comunicación que se establece con el lector cambia de manera radical (¿no ocurrió lo mismo, recuerda Roger Chartier, con la aparición del libro impreso y manejable, que permitía la lectura en solitario y en silencio, frente a la lectura oral y en grupo?). Como ocurrió con el cine, en la red, la creación y la crítica literaria, ahora convertidas en un brutal contenedor donde se echa cualquier cosa, irán acotándose, definiéndose, perfilándose; así, los foros, los blogs, los wikis, los chats, la galería digital, las redes sociales, la narración a varias manos –es la era «remix» (Paolo Fabbri), la combinación en un texto de varios medios: literatura, televisión, cine, vídeo, cómic, videojuego– también se conocerán y se diferenciarán, como ocurrió en el cine. Si se lee de forma diferente, como ya ocurre, se escribirá de forma diferente.
Máximo Gorki describió el cine como un espectáculo terrible
El abandono de la lectura lineal, los saltos no ya de un texto a otro, sino de textos a imágenes, mapas, películas, con una facilidad pasmosa, generarán una manera de construir la frase literaria absolutamente contemporánea. Lo estudia de manera exhaustiva Daniel Cassany en En_línea. Leer y escribir en la red (Anagrama). La lectura y la escritura ahora se producen en línea, conectadas a millones de recursos; para Cassany, esto significa un incremento exponencial de interlocutores y documentos, ausencia de filtros y controles, preferencia de la escritura, diversificación de la misma y un repertorio verbal, para la escritura, tan diverso como el habla. Sin duda, es cierto que hoy, como se suele repetir, la red está llena de blogs y la sensación es que hay más blogs que explican cosas que cosas a explicar. Cuentan que pasan, o parece que pasan, más cosas que las cosas que realmente pasan.

Pero siempre ha ocurrido con los juguetes nuevos, hay un momento de fervor hasta que los niños se cansan, crecen y se hacen mayores; entonces llega el momento del reposo, de la consolidación, del perfil propio; es decir, lo mismo que ocurrirá con la red. Y quien viva para entonces que lo cuente.

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