A nadie le sorprenderá a las alturas de la película en la que nos encontramos que lo que este país padece es una crisis estructural de libro. Todo el esqueleto del Estado se está cayendo como una baraja de naipes, sólo algunas bases aún tienen el basamento fresco para aguantar los arreones de este tsunami de inmoralidad e insensatez que nos está arrastrando a unas consecuencias imprevisibles.

Todo ello viene, según mi opinión, por dos motivos que denomino Mediocracia y Miedocracia. Fácil de entrever simplemente leyendo cada uno de sus nombres. El primero de ellos hace referencia a la cantidad de mediocres que pululan por las esferas, altas y medias, de nuestras instituciones y administraciones públicas. Desde la Monarquía, pasando por la Justicia, la política, la educación, la sanidad, sindicatos, medios de comunicación y llegando hasta la arena de la sociedad civil. ¿Dónde y por qué comenzó esta deriva mediocrática? No tengo respuestas para ello. Tal vez algunos de los sectores antes nombrados, tengan un mayor grado de responsabilidad. La educación de hoy (de padres y maestros), los maestros porque en muchos casos se han instalado en una metodología cómoda que no exige esfuerzo ni por parte del enseñante ni del enseñado, sólo hace falta un libro de texto. La educación es mucho más flexible que la que había hace 20 años, para colmo en los últimos días nos hemos desayunado dos casos en la provincia de Sevilla que resumen perfectamente lo que estoy hablando. Dos alumnos han conseguido el título de Eso y Bachillerato, habiendo suspendido 5 asignaturas el primero y 4 el segundo. (estos errores son achacables a la Consejería del ramo y a los padres). Los medios de comunicación reflejan a una parte de la sociedad que se hace famosa por el “esfuerzo” de aparecer en realitys, que a su vez están más extendidos, porque la gente quiere ver que hay otras vidas más tristes que la suya o directamente porque quiere olvidarse por un rato de la situación actual. Todo eso hace una bola que acaba en una sociedad, mal educada y sin valores. Para qué vamos hablar de lo que nos podemos encontrar en política, ya sólo el nombre de “casta” con la que se les definió lo dice todo, sabemos que algunos (o muchos) están ahí por enchufismos, designados a dedo, (como ejemplo el ERE de la Fundación Doñana 21, 10 técnicos despedidos de 19 trabajadores, los que se han quedado fueron nombrados “dedocráticamente”) mientras los jóvenes, que los hay, e infinitavemente más preparados que ellos se van alejando de su militancia porque no quieren que la mierda les salpique. Los políticos actuales (no todos, afortunadamente) sólo se han dedicado a la política, no han sabido nunca lo que es trabajar para ganarse la vida, para pagarse sus estudios, no valoran a la gente porque nunca han sufrido como ellos, todo se los puso por delante, y los valores del esfuerzo y la constancia brillaron por su ausencia. La meritocracia (otro concepto) se fue alejando con el humo vaporoso de la crisis. De los sindicatos, tres cuartas partes de lo mismo, con su banderita sindical se creen que abanderan un lucha y lo que son es parte del problema.

El segundo término Miedocracia, no es más que una consecuencia del primero, ¿a dónde van a ir a parar esos políticos que no han hecho otra cosa en su vida que dedicarse a la política? ¿quién le va a decir al joven, “trabaja, estudia, aprende idiomas”, si un mamaracho se lleva miles de euros por estar tirado en un sofá de Gran Hermano? ¿Quién le da a ellos el ejemplo que les impulse y que les eduque en un carrera constante y sacrificada que les lleve a tener un trabajo a su gusto y un sueldo? Los políticos sienten miedo de abandonar el poder, no saben hacer otra cosa que aparentar que saben y que tienen influencia cuando en realidad son sólo unos palmeros oficiales ¿Qué empresa va a contratar a estos personajes? ¿qué curriculum arrastran? La miedocracia es el miedo a no hacer nada que resulte del esfuerzo. Todo se lleva mejor con una vida contemplativa y fácil, no inmiscuyéndose por otros caminos que deparen otros sueños. Y muere en el inconformismo, en el  inmovilismo más absoluto, al “que pereza” al “para que aprendo esto”. La miedocracia es una debilidad que hace al individuo más cobarde, más inútil y por tanto más manejable. Es como no dar un salto al vacío, cuando la tierra se mueve.

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