Miércoles Santo:

UNA DE LAS IMÁGENES MÁS METAFÓRICAS QUE VERSAN SOBRE Sevilla, es la de la ciudad mirándose a un espejo, y cual Blancanieves, querer escuchar de él, lo que ella quiere oir. Si eso mismo lo hiciéramos como una especie de hagiografía de la sociedad actual (sevillana, cofrade o aficionada) nos tiraríamos de los pelos al contemplar la involución de la misma. El último episodio que observaríamos en ese espejo es el ocurrido ayer a la hermandad de los Panderos.

Lo presenciado ayer en los alrededores de la Campana, no debería estar en los extrarradios del gusto, pertenecería más bien a un punto kilométrico mas allá de Despeñaperros, lo vamos a tratar aquí como el significado de que algo está terminando y que los que viene nuevo es aún peor. La hermandad de los Panaderos ya tiene experiencia en este tipo de decisiones, el año pasado sin ir más lejos. Su hermano mayor y su junta de gobierno han vuelto a pecar de incompetentes e irresponsables. Los hermanos de esta cofradía deberían de pedir explicaciones más pronto que tarde, tanto a la hermandad de la calle Orfila, como a un Consejo de Hermandades y Cofradías, que ni aconseja, ni hermana, sino todo lo contrario. Se le ha escapado de las manos, una vez más (como ya ocurriera, por ejemplo, con el Via Crucis de la ¿fe?), una situación insostenible en la que dicen es la mejor Semana Santa de España (también dicen que la nuestra liga es la mejor del mundo).

Algunos que estaban viendo pasar la hermandad, le pitaron a la Virgen de Regla, dado que la hermandad de La Lanzada estaba mojándose por el capricho de unos pocos. Las imágenes no tienen culpa de que haya unos señores en la hermandad que no tengan la formación suficiente para salir honrosamente de estas situaciones. Pero es un signo de los tiempos. Al final el primer artículo de este serial que trataba de las nuevas generaciones y los friki-cofrades, son los que menos culpa van a tener de la degradación de nuestra fiesta. La Semana Santa, que ni es Semana (porque la cuaresma ya se vive y se palpa casi todo el año) y que cada vez es menos Santa, debe demolerse casi por completo, dejar indemnes los cimientos de las hermandades serias (minoritarias muchas de ellas, porque sin costero y marcha no hay dios que las vea pasar) y construir una Semana Santa desde dentro, donde las hermandades no sean un coto privado de unos pocos, donde se tomen las decisiones desde la devoción y no desde la afición, donde se cumplan o establezcan unas reglas de cumplimiento estricto y obligatorio por todos y cada uno de sus hermanos, se llamen como se llamen, lleven medallita, chaqueta, pelo engominado o patillas rocieras.

Si todo esto no ocurre, habremos dilapidado una vez más, y la ciudad es una experta en estas cosas, una herencia que nuestros padres y abuelos nos dejaron, con sus virtudes y defectos, impoluta. Sevilla de nuevo habrá devorado a su hijo más preciado.

Si quieren leer… Los extrarradios del gusto. Domingo de Ramos.

Si quieren leer… Los extrarradios del gusto. Lunes Santo.

Si quieren leer… Los extrarradios del gusto. Martes Santo.

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