COMO YA SABRÁN todos los amantes de los libros, el pasado día 23 se entregó el Premio Cervantes al poeta y escritor jerezano José Manuel Caballero Bonald. Por cierto tan sólo el diario El País lo sacó en portada, teniendo en cuenta que estamos hablando del premio literario más importante de las letras hispanas, el menosprecio de más de uno por la cultura española es lamentable y vergonzoso.

Pero a lo que iba este texto, el andaluz Caballero Bonald, larga trayectoria literaria la suya y uno de los mejores exponentes de la profundidad y sabiduría andaluza, no es el primero de nuestro tierra en recibirlo. Antes ya lo consiguieron, los granadinos Luis Rosales y Francisco Ayala, el gaditano Rafael Alberti y la malagueña María Zambrano. No es ninguna novedad que nuestra comunidad autónoma siga sintiéndose orgullosa de sus escritores más ilustres, a todos ellos hay que sumarle la nueva hornada, los Luis García Montero, Felipe Benítez Reyes, Juan Bonilla o Eva Díaz Pérez y podríamos recitar nombres de otras disciplinas como arquitectos o artistas pictóricos. ¿Y a dónde quiero ir a para con todo esto? Pues simplemente a que abramos los ojos de una vez, a que nos creamos que somos una potencia cultural que debería de ser uno de los motores de la economía de nuestra tierra y no conformarse únicamente con el sol, la playa y la ración de boquerones. Cambiar las Pantojas y los Ortegas Canos, por Lorcas y Machados.

Tenemos un tejido humano superior a muchas comunidades que nos han sacado cabezas de distancia porque han sabido renovarse y creer en sí mismos, que como bien dijo Caballero Bonald en su discurso del martes pasado, “siempre hay que defenderse con la palabra de quienes pretenden quitárnosla. Siempre hay que esgrimir esa palabra contra los deshaucios de la razón”. ¿Por qué no sacamos esas palabras a pasear, por qué desde nuestras instituciones públicas nos dejamos avasallar y golpear por otros que incluso nos deben (en parte) lo que son? y estoy hablando de Cataluña, ¿por qué nunca podemos saciarnos del tópico y la etiqueta que se fomenta en gran parte desde dentro de Andalucía, si tenemos material de sobra para convertir los molinos de viento en gigantes patrimonios culturales?

Mientras todo eso ocurre (si es que algún día lo hace) sigamos el consejo del poeta jerezano, “leer un libro, escuchar una sinfonía, contemplar un cuadro, son vehículos simples y fecundos para la salvaguardia de todo lo que impide nuestro acceso a la libertad y la felicidad. Tal vez se logre así que el pensamiento crítico prevalezca sobre todo lo que tiende a neutralizarlo”

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