Lisboa es una ciudad que enamora. Te cautiva poco a poco y cuando ya eres consciente de lo vivido llega el momento de la partida.

El primer día sirvió como paseo de reconocimiento. Andar la ciudad para apreciarla horizontalmente, a ras de suelo. En el centro la cantidad de turistas que se mezclan con la gente del lugar es uno de los atractivos de la capital. Por la Rua da Prata llegas a la Plaza Figueira presidida en el centro por la escultura ecuestre de Joao I (homenaje al que fuera Rey de Portugal entre 1385 y 1433). Una plaza con mucha vida, repleta de bares y quioscos de flores que ha tenido durante su historia la función de Hospital (destruido por el terremoto) o mercado y donde podemos contemplar sobre los edificios el Castillo de San Jorge. Una de las cosas que el visisitante verá es que determinados edificios están en una situación ruinosa, en riesgo de derrumbre. Muchas fachadas descuidadas que se llevan restaurando años y años. Es la belleza de lo decadente.

Si seguimos hacia abajo por la Rua Augusta nos encontraremos la Plaza del Comercio, la más importante y una de las más bellas de Lisboa. Inmensa, una de sus puertas es el Arco da Rua Augusto (único enclave del Palacio Real que se salvó del terremoto), en el centro la escultura de José I, rey portugués que estuvo al mando durante el seísmo y al horizonte se puede observar cómo la ciudad se abre al Tajo, de hecho este lugar fue puerta de Lisboa para los barcos mercantes.

Lisboa se estructura a través de unos vasos comunicantes en la que nos encontramos en pocos kilómetros a la redonda con un número considerable de plazas. Una de ellas es la de Don Pedro IV, una de las más animadas de la ciudad en la que nos encontramos con la escultura de Pedro IV (apodado el Rey soldado y que gobernó el país durante un corto espacio de tiempo) acompañada de bellas fuentes. En la misma plaza veremos el Teatro de Doña María II y algo más alejada la estación de tren. En el barrio alto, subiendo por el Largo Chiado, está otra de las plazas históricas de la ciudad, algo más pequeña que el resto: la de Luis de Camoes, poeta portugués que se encargó de escribir las “luisadas”, epopeya sobre la primera expedición de Vasca de Gama. Tanto el poeta como el conquistador están enterrados en el Monasterio de los Jerónimos del que hablaremos otro día.

La ciudad se encuentra levantada por un sinfín de obras, señal que había una campaña electoral y por ende unas elecciones locales en ciernes (se celebraron este pasado fin de semana). Los indigentes se mezclan con la gente que les obvia como si el problema de un hombre no fuera el problema de todos los hombres.

El primer día murió en Estoril donde vimos (mi amigo y yo) el partido de UEFA entre el equipo local y el Sevilla F.C (1-2) para después entrar en el Casino hasta que el 0 quiso señalarnos la puerta de salida.

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