Sólo esta vez me sentaré junto a mis días
en la silla de enea roída de tanto cante sin hueco en la garganta.

Fuimos despertando a la carroña
para ver en su interior lo que hoy somos.

Seamos sembradores de caminos
y optemos por la luz de cualquier túnel.

Los titulares de los periódicos salían por la rendija de la puerta
buscando el aire ficticio de la realidad.

Vecinos que en la punta de su lupa
resquebrajan las miradas de cualquier amor furtivo.

Sobre las raíces ocres del ocaso
se traspapelaban las ramas blanquecinas del amanecer.

Amanecimos con las manos vacías
para que nos cupiera todo lo que nos quedaba por vivir.

Si la poesía es el futuro,
las metáforas tendrán que alimentar a los versos sin sentido.

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