Todo se está degradando. Desde la política a la justicia, desde la literatura a la sociedad en sí… y también la televisión y los medios de comunicación. Todo se está manchando de un amarillismo que espanta pero vende, que parecer ser que es el único objetivo. Ya apenas se habla de la calidad, ahora es la cantidad la que ha ganado la partida y si un programa de televisión tiene mucha audiencia, automáticamente se le cataloga de bueno, da igual sus contenidos, da igual sus formas, da igual si lo que se dice es cierto o no, lo importante es lanzar la brabuconada al aire y que haga su efecto.

Algunas de las tertulias televisivas aglutinan eso. Los tertulianos (algunos) se han convertidos en todólogos, dominan cualquier tema y pasan sin rubor de hablar de la economía al derecho, de las pensiones a Gibraltar o Siria. Saben de todo pero no dominan nada. Es pura apariencia. Para colmo muchos de estos todólogos aparecen en varias tertulias, por lo que el espectador u oyente se cansa de escucharlo abandonando el debate, si a eso le sumamos que el discurso se ha estancado desde hace varios años el interés de estos programas baja en picado.

Y como no puede faltar el espectáculo, el enfrentamiento entre los todólogos da audiencia, por lo que se tiran sus ideologías a la cabeza, se acusan de franquistas, comunistas y otras lindezas, se enfrascan en un debate personal que a nadie incumbe o sacan a pasear las hemerotecas de los periódicos en los que trabajan y así herir el orgullo del susodicho.

Qué tiempos aquellos de las tertulias de Javier Nart, Raúl del Pozo o Antonio Casado, donde las opiniones de unos y otros fluían, sabias y llenas de contenido, sin el menor atisbo de venganza.

La televisión ha ido degenerando y nosotros con ella.

Como ejemplo el enfrentamiento en “Al rojo vivo” entre Tania Sánchez (diputada de IU en la Asamblea de Madrid) y Francisco Marhuenda (director de La Razón).

Si quieres leer otros Lunéticos…

Sin pinceles a Velázquez.

La lepra, la grasa y el ratón.

La alegría está en la calle.

Cuando estalle la educación.

Alaya en el laberinto.

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