La ciudad desprende música a cada paso. Entras en la calle Tetuán y hay un saxofonista, un violinista y un guitarrista. Los acordes se confunden con el olor a adobo del Blanco Cerrillo. Aún no hemos despedazado octubre y ya hay puestos de castañas, aunque de momento tan sólo venden humo.

Una chica se alisa el pelo y se lo aparta de modo sensual hacia su lado derecho mientras habla por el móvil y se mira en el primer escaparate para ver cómo le queda. Solitaria y ensimismada irá pensando en sus cosas.

La losa de la crisis se deja notar por las calles. No hay ninguna que no tenga más de un local cerrado. Los que se están poniendo las botas son las tiendas que venden los carteles de “Se alquila”. La crisis serpentea por el filo de una moneda que cuando sale cara para unos sale cruz (y nunca mejor dicho) para otros.

La calle Regina es otra ciudad en sí misma. Hay bullicio, tiendas, personajes. Se respira cultura, vida, no hay un trozo de calle en el que no te encuentres con algo que te apasione, que te intrigue, que te provoque al menos un vistazo rápido.

y cerca de allí, de nuevo música, un trío con trombón, trompeta y saxofón toca una versión del “my way” de Sinatra.

Nos adentramos en la calle Cuna y de nuevo la multitud se agolpa. La Giralda se parapeta entre los edificios que le dan la espalda dado que el sol está haciendo acto de presencia. Al abandonar la plaza del Salvador observo a un corredor (por la vestimenta) fumando y tomándose una cerveza, a lo mejor se está quitando poco a poco de fumar o de beber… o de correr.

Al fin llegamos al Parque Temático, antigua Avenida de la Constitución. Lo peor que le puede suceder a las ciudades es que se parezcan todas entre sí. Si no es por la Catedral y el horno San Buenaventura se podría decir que estamos en cualquier lugar. Una pareja baila un tango, hay varios mimos de los más variopintos. Hay un 100 montaditos, dos starbuck, la FNAC, el papelón, un mascarpone… Lo que es desnaturalizar una ciudad, contagiarse de una globalización que está acabando con su concepto original. Ya cualquiera es de cualquier sitio. Si a todo eso le unimos veladores, exposición fotográfica y top manta, cualquier día nos vamos a encontrar la avenida llena de flechas que dirán “usted puede pasar por aquí”, con el tiempo será más fácil salir de Ikea que pasear por la Avenida.

Pero el día que me inspiró este texto se elegía al pregonero de la Semana Santa y ante eso cualquier cosa es mínima e insignificante. Ya tendrán algunos de qué hablar hasta Abril… la ciudad en realidad es lo de menos.

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