Hasta que llegó todo era nada,

como casi siempre fuimos construyendo modos de vida

planes, viajes y zarandajas varias.

Llegaba como deletreando susurros en el aire

imponiendo su poder para amarrarnos a todos,

llegaba para algunos eso sí.

Otros teníamos que prostituir nuestros principios

para hacernos una vaga idea de lo que era.

Se marchitaba y aparecía de repente,

musitaba cualquier sonido intraducible mientras

desconchaba el estómago con sus mariposas

para dejar paso a un ejército de cucarachas

que le mantenían alerta ante un clamoroso suicidio.

Cuando te enfrentabas a él, prendía luces en medio

de un océano que cabía en un vaso sin hielo.

Esperaba de ti una respuesta pero de mí sólo recibió

indiferencia, nostalgia y rastrojos bohemios.

Mejor sentir donde no haya nadie,

donde las luces se apaguen de cobardía

donde la lluvia nos invada de repente.

Mejor caminar hacia la nada,

allí tal vez exista algo parecido al amor.

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