Perdón por el retraso. Sigo aquí. Nunca me he alejado de ti porque es imposible. Formas parte de mi vida. No la entiendo sin tus coplas, sin tu música, sin tu arte. Lo que me ocurre es que no tengo ni ganas ni tiempo de escribirte.

Debe de ser la edad que me hace revivir constantemente la nostalgia de lo antiguo. Debe de ser ese el motivo por el que veo que lo que antes idolatraba ahora lo encuentro caduco, hortera, sin esencia. En los últimos años te han cambiado el colorete por un vestido negro que apesta, que sonroja, que te está matando poco a poco.

No tengo ganas de escribirte porque no me veo reflejado en ti, no veo a la niña que eras hace 20 años, no te encuentro por las calles, escucho coplas antiguas para rememorar aquellos tiempos en los que no existían los fanatismos ni los rencores, donde todo era tan de verdad que hasta los cañones lanzaban palomas desde el paraíso. Que conste que no te he puesto los cuernos. Cada noche a las 21h estoy con mi radio para oir tus voces. Yo no soy como otros que se han ido con la primera esquina que han encontrado a su paso.

Pero es que tampoco tengo tiempo. Y como yo te tengo mucho respeto, no te mereces que te de algo sin alma, de mentira o impostado. Prefiero escucharte en la intimidad de mi cama y volver a regatear al sueño. Y ten por seguro que cuando vuelva a ti todo será como antes. Espérame despierta.

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