Hace pocos días terminó la Feria del Libro de Sevilla. 10 días en los que la Plaza Nueva se llenó de aventuras, historias, relatos o poesía. Qué pena que no se llenen más veces las plazas y las calles de libros como dijo Isaac Rosa en su conferencia inaugural, de ocurrir esto, seguro que seríamos mejores personas, viviríamos otras vidas que nos harían más felices por momentos. Al final nos hemos vuelto “lectores de bicicleta estática”.

Esta Feria ha sido diferente para mí. He participado en algunas de las conferencias o presentaciones como vengo haciendo en los últimos años, pero el hecho de conocer a gente que trabajaba en ella me ha permitido entablar contacto con autores o periodistas que desconocía. El primer de ellos es Enric Pardo (“Última temporada”. Reservoir Books) con el que pude compartir, junto con un amigo, un paseo por Sevilla. No sólo para que nos comentara cómo se fábrica una novela, cuáles son sus series favoritas (sobre eso trata el libro), qué piensa del Barça o de la independencia, sino también para que pudiera paladear la bebida y gastronomía de la ciudad. Creo que quedó satisfecho y seguramente vuelva con su “segunda temporada”.

También pude conocer a Alejandro Luque (periodista de El Correo de Andalucía) que departía con Isaac Rosa y Jesús Carrasco (“Intemperie”) en un conocido pub de la ciudad. Esto unido a las charlas que tuve en el bar de la Feria con diferentes periodistas, reforzaron más mi idea de que mi mundo es este, el que está entre el periodismo y la escritura (valga la redundacia), conocerlo mejor, saber sus mecanismos, sus vicios, sus fronteras y aunque nunca sea uno de ellos, poder llegar a casa y guardar en el cajón la grata experiencia de su compañía.

De lo mejor de la Feria es ver que en las casetas luchan despiadadamente los títulos por hacerse un hueco en la primer línea. Las novedades están siempre en el mejor punto de mira, la poesía intenta asomar la cabeza para que no caiga en el olvido. Luego conoces libros que no sabías ni que existían y te los guardas en la memoria para comprártelos más adelante. Ves la batalla que tienen El Coloquio de los Perros y Estudio en Escarlata, dos maravillosas ediciones de Nórdica. Cervantes contra Conan Doyle, eso es una batalla y no las de La Voz.

Mientras, por otro lado, escuchas a Luis García Montero (“Alguien dice tu nombre” Alfaguara). Que me gustan aquellos autores que hablan como escriben, el granadino es uno de ellos (Francisco Correal es otro) con su lenguaje pausado convierte en literatura todo lo que dice como: “Un hombre tiene la edad de la mujer a la que abraza”.

Despedí mi Feria con la mesa redonda sobre los diferentes modelos de negocio de la prensa cultural. Una librera, Maite Aragón. La Extravagante, el editor de Jot Down, Ángel Fernández y Fran G. Matute, crítico literario en el blog Estado Crítico. Tres maneras distintas de ver el panorama, tres visiones que se están haciendo un hueco y que son una entrada de aire fresco en este mundo cada día más viciado por las grandes editoriales y sus imposiciones.

“El punto de partida es un cuarto lleno de libros” Fran G. Matute.

Queda todo dicho.

 

 

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