Hubo una comparsa sevillana “Los que barren pa casita” que cantó el 100% de su repertorio a Sevilla (sin ninguna crítica negativa por cierto). Hubo quienes pitaron, quienes aplaudieron, quienes silbaron y quienes prefirieron callar y escuchar. Hasta aquí los hechos.

Hay dos peligros en la sociedad mediatizada de hoy en día que deberíamos de intentar atajar y es el hecho de coger, en este caso una fiesta, y acusarla de todos los males de la misma. Se viene hablando desde el jueves que en el carnaval no hay libertad, que el carnaval no respeta, etc… Y decimos carnaval, cogiéndolo desde lo ancho, metiéndolo todo en el mismo cajón y olvidándonos que cada persona es un carnaval en sí misma y que hay tantos carnavales como vivencias tenga cada uno, por tanto, el intento de silenciar o censurar esa actuación de la comparsa está en el debe de unos pocos no del CARNAVAL.

Pero hay otra palabra que al parecer les molesta a muchos, y no es otra que LIBERTAD. Filósofos, sabios, políticos y escritores han hablado de ella, la han manipulado a su interés, la han usado para descontextualizarla y le han quitado su esencia… y una parte de la sociedad ha repetido esos mecanismos. Algunos sólo quieren la libertad para sí mismos. Cuando son ellos los que se ríen o se emocionan con alguna letra que le cantan a su tierra no hay problema (por ejemplo con la Chirigota del Love, que en los últimos años lleva autoría sevilana), lo malo estalla cuando la libertad cambia de bando, cuando es el otro el que hace algo inhabitual, nunca visto y comienza a cantar (sin insultos y con una provocación light). Entonces le salta el resorte, le cambia el ánimo y no respeta e intenta silenciar lo que no le gusta. Cree que con ello está defendiendo lo suyo pero está haciendo todo lo contrario, lo está viciando, está fomentando que por culpa de una minoría la gente use el carnaval como un todo y nos vayamos distanciando de él. Se escudan en la fiesta, se amparan en ella para salir impolutos. La libertad del otro, ese el caballo de batalla, el gran oxímoron al que nos enfrentamos.

No voy a entrar en el repertorio de la comparsa, esa valoración no viene a cuento ahora (defendieron el tipo perfectamente). Hay unas normas que les permite hacer lo que hicieron. Tal vez hayan abierto una espita que servirá como excusa para aquellos fanáticos que ven guerras donde sólo hay molinos. Porque Sevilla y Cádiz tienen más cosas que les unen de las que las separan. Multiplicadas suman más, por historia y cultura, que muchas ciudades europeas.

Confiemos que la libertad y el carnaval mansen las aguas.

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