La experiencia es algo que uno va adquiriendo porque alguien te da la oportunidad, porque ve que gracias a los años trabajados será capaz de acometer con las mejores expectativas y con los mejores resultados el trabajo demandado, pero qué ocurre si no tienes experiencia o si tienes muy poca.

Si eso ocurre entras en un bucle del que no sabes cómo salir, porque sin experiencia no te cogen en ningún sitio por lo tanto es imposible coger experiencia y así podríamos seguir hasta el infinito con el mismo argumento y no ver ni un chasquido de luz al final del tenebroso túnel. Uno va a los trabajos por semanas y si hay suerte algún mes y te sientes de prestado, de paso, te involucras todo lo que puedes pero se te hace imposible no pensar en el último día de trabajo, cuando ya le has cogido la dinámica es hora de marchar.

Trabajas siempre de aprendiz, como si fueras un becario al que en cada ocasión tienen que enseñarle las reglas básicas del oficio, te empequeñece. Tú quieres ser alguien importante en la empresa, quieres manejar los datos, las rutas, las informaciones como si hubieras estado viviendo en ellas desde que naciste pero es imposible. Vas y vienes y vienes y vas y nadie te asegura un mínimo de estabilidad.

Nadie te llama sin experiencia, no valoran la posibilidad de que tengas ideas frescas, nuevas. No miran en que tú y muchos como tú pueden edificar estructuras comunicativas, educativas o culturales que derriben las anquilosadas que existen hoy en día.

Todo ello te consume. Te limita a conformarte con lo poco que salga aunque sea de mala calidad y por supuesto no es para lo que tú estudiaste y ni siquiera se acerca a tus intereses.

Es un mal cotidiano que nos lleva acechando mucho tiempo y que está acabando con una generación alocada que repone y sirve… pero poco más.

 

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