A nadie se le escapará que vivimos en un país singular, poco común. Somos un microclima dentro de nuestro entorno europeo. De no ser por la situación de calamidad y penumbra que acecha sobre estos lares desde hace años, podríamos tomárnoslo a cachondeo… a esperpento y es ahí a donde quiero llegar.

En este país rodeado de políticos incompetentes y corruptos, que los hubo siempre, lo que ocurría es que algunas veces lo tapaba el eslogan aznarista del “España va bien”, otras el buenismo de Zapatero y en otras ocasiones la incipiente y novata democracia. Aquellos “golfos distinguidos” como los llamaba el personaje de Don Latino en Luces de Bohemia.

Ya no sólo hablamos de corrupción, sino de ciertos comportamientos que nos avergüenzan como ciudadanos, el hecho de que la presidenta en funciones del Congreso estuviera jugando a Frozen mientras hablaba el presidente es propio de la obra de Valle Inclán, que se hayan perdido los ordenadores donde están las causas principales de Bárcenas, mientras el ex tesorero está de vacaciones, es una situación que rosa lo grotesco. Dicen de la obra del literato que aquí nos trae, que “lo anecdótico es siempre soporte de un sentido segundo” y ya digo todo esto pasaría por mero detalle si no estuviera en cuestión un modelo de país que necesita regeneración desde un extremo al otro.

Dice Max Estrella: “Este pueblo miserable transforma todos los grandes conceptos en un cuento de beatas costureras”. Todo aquí se banaliza, se pervierte, cuando no es el tic, tac de uno, es el pin pam pun de otro, cuando no el patético de uno, es el “qué coño tiene que pasar” del otro y todo se convierte en guiñolesco: la batalla de un PSOE madrileño que al igual que el PP quieren salvar a sus grandes espadas mientras se machacan sus enemigos de partido.

Mientras tanto la ciudadanía sufre una ceguera incurable, se le hace de noche como a Max Estrella y se va muriendo poco a poco mientras ve con la mayor de las normalidades todo lo que está ocurriendo a su alrededor. Estamos siendo cómplices de nosotros mismos. Somos víctimas de unas leyes que nos han guillotinado el pensamiento, el raciocinio.

El preso: “Soy lo que me han hecho las leyes”

Nuestros gobernantes nos han sedado con normas y reglas para que siga el clientelismo de unos pocos y siga la hambruna de otras tantos.

Don Latino: (…) “Te has vengado muriéndote de hambre”

Asistimos atónitos a una lucha de espías, mercaderes, corruptores (que no correctores) en Madrid, con policías que hablan más de la cuenta y con políticos que callan mientras otorgan. Nos tragamos como si fuera un burla de mal gusto que se relacione al PP con cáritas para justificar sus dudosas donaciones.

Nos llevan y nos traen como borregos, como dice La Daifa en el Esperpento de las galas del difunto cuando habla sobre los militares. Somos borregos a su antojo, unos fantoches disfrazados de ciudadanos. Consentimos que ellos se crean superiores, inexpugnables mientras nosotros mismos nos pervertimos sin darnos cuenta.

Y si quieren más situaciones y más hecho ridículos, de personajes fantoches e hilarantes, sigan con regocijo las próximas campañas electorales y si no… siempre nos quedará Rafa Hernando.

Max: Don Latino de Hispalís, grotesco personaje, te inmortalizaré en un novela.
Don Latino: Una tragedia Max
Max: La tragedia nuestra no es tragedia
Don Latino: ¡Pues algo será!
Max: Un esperpento.

 

Bibliografía: Luces de Bohemia y Martes de Carnaval de Ramón del Valle Inclán. Edición de Jesús Rubio Jiménez. Colección Austral. 27ª Edición 2004.

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