Hay fiestas que da igual cuando comiencen porque están funcionando todo el año. Los carnavales son de cuando alguien los quiera escuchar. Es un fiesta que se reivindica en febrero pero cuyo concurso da inicio en enero y dura eternamente porque siempre hay una copla para cada estación.

Ares vuelve este año después de 13 años sin salir. Como todo buen poeta ha mamado de los grandes, de Paco Alba y de Martin y como gran poeta han sido otros los que han seguido su senda. Dulcifica cada copla como si estuviera cosquilleando la piel. Hay un grito desgarrado en aquel pasadoble de “carnecita de gallina”, se palpa el dolor en las bifurcaciones del alma con aquella copla de ” a mí Juan yo lo he matao…” Sabe dar el toque perfecto en el momento oportuno. No hay dios (ni papa) que no estuviera encarnado en sus letras.

Hay una suavidad que se palpaba en su despedida con Calle de la Mar. Un adiós con equipaje, un suspiro de olas que, como la marea, tenían que volver algún día que otro. Fue el autor con el que me imaginé Cádiz, y vi la Plaza de las Flores y esos cañones de la libertad y olí sus barrios mucho antes de estar presentes en ellos, por eso y por muchas cosas Martínez Ares será siempre mi autor.

Pero hubo una generación que aprendió carnavales con él, que lo siguió, que intentó imitarlo, que supo reconocerlo aunque otros no tanto. Hubo batallas, fuegos cruzados por la grandiosidad con la que ha estallado la fiesta en estos años del 2000. Supo resguardarse de todo eso, contempló el concurso como el que ve marcharse su barco, se calmó, nos calmamos todos viendo que él no volvería… y de repente volvió.

Y ese regusto a antiguo sobrevuela de nuevo, recuerdas coplas suyas y crees que dirá con otras palabras lo que ya dijo, que afinará nuestros cuerpos y nos preparará para surcar de nuevo en “ese barco clavado en el mar”.

Hay un mundo esperándole con los oídos por estrenar y otro mundo deseando ver Cádiz en el bamboleo de su imaginación.

 

Si quiere leer… Pero el veneno que lleva (Juan Carlos Aragón)

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