Hay textos que no se pueden escribir en impulsos, ni de manera espontánea, sino que deben de escribirse pensando despacio para que el corazón vaya más rápido que la tinta.

Podría haber escrito esto en el avión que nos llevaba a Nairobi o en el tren que nos dejó en el centro de Ámsterdam, tal vez habría quedado muy literario e incluso romántico pero decidí dejarme maniatar por la tiranía de la espera, alojarme allí un tiempo y alejarme para ver con perspectiva lo que había pasado y lo que había sentido.

Aquel 8 de octubre fue el estado mayor de felicidad posible, no sólo porque me estaba casando con la mujer de mi vida sino porque me acompañaban mis familias (la de toda la vida y la de la vida que empezó aquel día).

Me gustaría agradecerles a todos su compañía porque la distancia que nos aleja se ha correspondido en forma de boomerang con el cariño y el afecto de aquel día. Tal vez nos hubiera gustado hacernos más fotos con ustedes pero como la memoria es la mejor cámara fotográfica, me queda la tranquilidad de saber que esos momentos lo guardaréis en el hueco más preciado de vuestro cerebro.

Gracias tanto a mi primo Adrián como a Miguel y Cristina por las palabras hermosas que dijisteis en vuestros discursos, resumisteis perfectamente mis vivenvias con ustedes.  Gracias a los amigos que nunca fallan, aunque tengan que hacer kilómetros y kilómetros (Gracias Zamora y María), por supuesto también a Rafa, Susana y Mario por vuestra fidelidad y por estar presentes en los momentos oportunos y especiales.

Agradecer también a todos mis primos y primas su compañía, por el buen rato que echamos que prometo que repetiremos aunque no se cuándo.

A mis tíos y tías por ser los escuderos de mi vida, por exprimir la boda como si fuera la última y por sentir el orgullo que se derramaba por los ojos.

Gracias a mi hermano, mi cuñada Inma ( y mis sobrinos) por el caudal de sentimientos y motivos que siempre me dieron para no dejar de caminar por un sendero que me alejaba de ellos.

Y por supuesto Gracias a mis padres, baluarte de lo que soy, mi puerto donde atracar cada vez que lo necesite.

Se os quiere.

Besos.

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